Historias

Fue Rescatado De Un Secuestro, No Paraba De Gritar “Mátenme No Saben Lo Que Hice”

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Esta es una de esas historias que hacen que tu alma se retuerza de dolor al pensar que en el mundo puede haber tanta crueldad e injusticia.

Lo que vas a leer a continuación es la dramática historia de Javier y su hermana. Por supuesto, sus nombres fueron cambiados para proteger su identidad ya que lo vivido es tan atroz que por su bienestar físico, mental y emocional jamás se debe develar de quién se trata.

El niño, a quien llamaremos Javier, tennía sus dos padres y una hermanita menor, la cual tenía un poco más de dos años, Los cuatro vivían en Filadelfia – Estados Unidos. La feliz familia tenía una casa grande con un buen jardín para que los niños jugaran en él, su situación económica era favorable y se proyectaba un buen futuro para todos. Pero, un día una siniestra sombra tomó la perfecta imagen de esta familia y la estrelló contra la tragedia, acabando para siempre con sus sueños y con la inocencia de los pequeños niños.

Según recuerda Javier, era sábado en la mañana, hacía un sol precioso y su madre les permitió, a él a y a su hermanita, salir a jugar al jardín.

 

 

 

 

Él siempre había sentido un deber de protección para con su hermana, sus padres desde antes que ella naciera le habían hablado de su responsabilidad como hermano mayor y tenía muy claro que su misión era cuidarla para toda la vida. Ese día para nada era la excepción en su loable propósito y mientras jugaban él la vigilaba atentamente para que no se cayera o se lastimara con algún objeto del lugar.

La madre estaba tranquila porque sabía que su hijo mayor no descuidaría a la niña, sin embargo, periódicamente se asomaba por la ventana de la cocina para cerciorarse de que todo estuviera bien. En cierto momento ella sintió algo en su corazón, como una horrible punzada y supo que algo podía estar mal con los niños, se asomó a verlos y descubrió que ya no estaban en el jardín…

 

Desesperada porque intuía que esto iba a ser grave, salió corriendo de la vivienda para ver si sus niños tal vez no se hubieran escondido en algún rincón del jardín donde ella no pudiera verlos. Los buscó y los llamó en repetidas ocasiones, sin obtener ningún resultado. Entró a la casa y repitió el proceso con la esperanza de hallarlos en el interior. Tampoco estaban allí.

De inmediato llamó a su esposo, quien había salido, y le comentó lo que sucedía, él le pidió que se calmara y que en un par de minutos estaría allí para buscar a los niños juntos. Le dijo que seguro se habían ido a la casa de algún vecino sin avisar y que pronto los encontrarían.

Pasaron horas recorriendo el barrio y la casa, una y otra vez y a medida que el tiempo pasaba la desesperación se iba apoderando de ambos. Nadie los había visto, ni había notado nada sospechoso era como si la tierra se los hubiese tragado. Con la certeza de que sus hijos no estaban ni en la casa escondidos, ni en la vivienda de algún vecino, alertaron a la policía sobre lo sucedido.

En la estación les hicieron llenar varios formatos y les pidieron paciencia, ellos harían lo que pudieran por encontrar a los dos pequeños, pero debían seguir los protocolos estipulados para este tipo de situaciones. Les pidieron que volvieran a casa y estuvieran muy atentos al teléfono por si recibían alguna llamada que les ayudara a dar con el paradero de los niños.

 

 

 

 

Pasaron los días y no lograban saber nada de sus hijos, la angustía era indescriptible. No podían dormir debido a todas las ideas que rondaban su cabeza, se imaginaban los peores escenarios posibles, pero no alcanzaban a suponer que sus hijos estaban enfrentando una situación que ni en una pesadilla hubieran podido visualizar.

Cuando Javier y su hermanita estaban jugando en el jardín, dos hombres de 31 y 42 años se acercaron a ellos llevando consigo un perrito cachorro. Tenían la férrea intención de robárselos y para que los niños no se asustaran y salieran corriendo, les preguntaron si querían consentir a su perrito, los niños inocentemente se acercaron a consentir al animalito….

 

Cuando ambos hombres estuvieron suficientemente cerca de los pequeños, los tomaron violentamente, les taparon la boca para evitar que pudieran gritar y alertar a su madre, los metieron en un carro y se los llevaron.

A partir de ese momento la vida de estos niños jamás volvería a ser la misma, su feliz infancia había acabado justo allí y lo peor de este mundo se les abalanzaría encima sin compasión.

Los hombres que raptaron a los niños, los llevaron a una casa fuera de la ciudad, los bajaron del automóvil con el que habían perpetuado el secuestro y los encarcelaron en el sótano. Cuando ya estuvieron abajo, les quitaron una especie de bolsa de tela con la que de camino les habían cubierto la cabeza.

La pequeña lloraba inconsolable, su hermanito la abrazaba y le rogaba que se calmara. Los dos hombres les advirtieron que de allí nunca más saldrían, que jamás volverían a ver a sus padres y que si no se comportaban su situación sería cada vez más precaria. Le demandaron a Javier que calmara a su hermana porque no soportaban tanto lloriqueo. Luego abandonaron el sótano y se dirigieron a los pisos superiores.

 

 

 

 

Cuando el niño recuperó su capacidad de observación , la cual había perdido a causa de lo asustado que estaba desde que los hombres lo habían raptado del jardín de su casa, notó que en aquel lugar había otros niños. Se dio cuenta que estaban desnutridos, heridos y que apenas tenían ánimo para quejarse suavemente. La escena le recordó una película horrible que vio alguna vez y la cual sus padres le habían prohibido ver, explicándole que su contenido no era apto para un niño de su edad.

A pesar de lo pequeño que era, iba a cumplir 11 años en el verano, logró entender que él y su hermana corrían un peligro terrible. Intentó hablar con los niños para saber por qué estaban allí y por qué estaban heridos. Ninguno le respondió. Pasaron algunas horas, la niña se había quedado dormida, producto del llanto, en los brazos de su hermano, cuando escucharon ruidos en las escaleras, alguien se dirigía al sótano de la casa…

La puerta se abrió y por ella entró uno de los hombre que los habían secuestrado, se dirigió hacía un niño que estaba arrodillado en un rincón y que se veía no llevaba mucho allí porque su estado no era tan lamentable como el de los demás. Lo levanto del cuello de la chaqueta y de forma muy ruda se lo llevó.

Nuevamente pasaron algunas horas hasta que de nuevo la puerta dejó ver la figura del hombre que antes había ingresado por allí para llevarse al pequeño. Atrás de él, venía su compañero y entre ambos cargaban una camilla en la que traían al niño que se habían llevado anteriormente. Este venía con una bata de hospital y traía conectada una sonda, estaba inconsciente.

Lo dejaron sobre una de las camas que había en el lugar y se volvieron a marchar. Javier se acercó a él e intuyó que ese era el propósito para el que los tenían allí. Algo les hacían cuando se los llevaban. Otro niño al ver a Javier mirando al que recién habían traído, le dijo que los hombres los operaban y les robaban parte de su cuerpo, hasta que morían.

 

 

 

 

El niño no sabía muchas cosas de la vida, pero en ese momento entendió que las amenazas hechas por los monstruos anteriormente eran reales y desde ese instante una sola idea ocupo su cabeza: debía salvar a su hermanita.

Pasó un día y la rutina que había visto se repitió varias veces más. En una ocasión los hombres se llevaron a un niña de unos 12 años de edad, nunca regresó al oscuro sótano, donde miserablemente los tenían atrapados.

La banda se encargaba del tráfico ilegal de órganos, robaban niños de distintas partes del país y los trasportaban a la infame casa donde poco a poco sacaban las partes de su cuerpo que iban necesitando hasta que la posibilidad de mantenerlos con vida era inviable, en ese momento los mataban. También sucedía que por los malos procedimientos a los que eran sometidos los niñitos, enfermaban producto de alguna infección y fallecían.

Rápidamente Javier se dio cuenta que los hombres bajaban a buscar niños determinados, no era al alzar, así que sabía que debía estar pendiente, intentar obtener alguna información para saber cuando les tocaría el turno a él a su hermanita. La ocasión estaba muy cerca…

 

A partir de esto el niño no se apartó de la puerta porque logró percibir que desde allí oía partes de la conversación que los maleantes tenían con alguien que los llamaba antes de que ellos entraran a buscar una nueva víctima.

Al día siguiente, dos días después de haber llegado a la casa, Javier escuchó tres palabras que le helaron la sangre: dos años y ojo. Con ello bastó para que supiera que la siguiente en ser llevada arriba sería su hermanita, no podía permitirlo de ninguna forma. Unos instantes después oyó los pasos bajando las escaleras, se escondió bien detrás de la puerta y cuando el hombre entró al sótano, se abalanzó contra él abrazándose con todas sus fuerzas a su pierna para quitarle una pistola que había notado con anterioridad que siempre cargaba consigo.

Nunca había tenido un arma entre sus manos, que no fuera de juguete, pero sabía que sólo tenía una oportunidad y que haría lo que veía en las películas, apuntaría y halaría del gatillo. Así lo hizo. Su puntería fue perfecta e impactó justo en la cabeza de la pequeña niña. Javier sabía que era preferible que muriera de forma rápida a verla sufrir durante días dolores insoportables y la angustía de que le sacaran poco a poco sus órganos para al final resultar de la misma forma, muriendo.

Para cuando el hombre reaccionó ya era demasiado tarde, le costó unos minutos entender lo que había sucedido. Su compañero bajó de inmediato y entre ambos tomaron a Javier que se retorcía con fuerza, intentando zafarse y lo golpearon. Le advirtieron que lo que había hecho era una completa estupidez y que ahora sufriría más que los otros niños como castigo.

 

 

 

 

No obstante el niño pensaba que este era su fin, un vecino escuchó el disparo y llamó a la policía. Una patrulla llegó al lugar e inspeccionó la casa, pero al no hallar nada raro se fueron. Sin embargo, algo en aquellos hombres les dio mala espina y continuaron observando la vivienda por una par de días. Al fin descubrieron que luego de largas horas de ausencia, volvían con niños en su poder, los cuales no volvían a salir del lugar.

Los capturaron al instante y rescataron a cinco niños, entre ellos Javier. De camino al hospital el pobre niño sólo repetía “mátenme no saben lo que hice”.

Actualmente la familia vive en otra cuidad y Javier está en intensivo tratamiento psicológico para ayudarle a superar el horrible la horrible experiencia vivida. Los padres dicen que jamás se van a recuperar de lo sucedido pero que agradecen la valentía de su hijo que prefirió hacer algo tan fuerte como lo que hizo para evitar que su hermanita sufriera lo impensable. Recuerdan con profunda tristeza a la pequeña.

Sólo un mensaje les quieren hacer llegar a los padres del resto del mundo: nunca descuiden a sus hijos, ni por un instante, así estén enfrente de su casa, porque el mal siempre acecha y nunca se sabe cuando ni de que forma va a atacar.

No olvides compartir esta dramática historia con el fin de que los padres sean conscientes de este tipo de peligros.

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