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Muchas madres sueñan con que sus hijos se conviertan en grandes genios. Pero, a pesar de todos los trucos y consejos sobre la crianza de los niños, no hay manual de instrucciones exacto sobre cómo conseguirlo.

Las madres judías, por el contrario, no tienen que recurrir a artículos de psicología y foros para padres. Sin embargo, sus hijos, a menudo, se convierten en genios.

1. Valorar y promover la independencia

En una familia típica, los padres están convencidos de que los niños tendrán éxito en la vida si creen que pueden hacer cualquier cosa. Sin embargo, en las familias judías, los padres saben que es mucho más importante que los niños crean que pueden hacerlo todo por sí mismos.

En cafeterías israelíes es común ver a un niño, con un año de edad, comerse un filete por su propia cuenta. Esto se debe a que a los niños se les permite hacer todo por sí mismos tan pronto como son físicamente capaces de hacerlo.

2. Es difícil empezar

El camino a esta independencia parte del hecho de que las iniciativas de los niños se valoran y se estimulan, como si fuera algo sagrado. Si el niño empieza a hacer algo, sin importar la edad que tenga, sus padres lo apoyan y animan con alegría.

Si algo no sale bien, los familiares con más edad les recuerdan a los más pequeños: “Kol haschalot kashot“, que significa ”todos los comienzos son difíciles”.

3. La confianza es la mejor recompensa

¿Cómo se puede alimentar y fomentar la iniciativa propia? No vas a recompensar con dulce a tus hijos por todos sus logros.

En las familias judías, los padres recompensan al niño con su confianza en él. Si al niño ya le dan una cosa qué hacer, significa garantía de éxito para llevarla a cabo.

4. El exterior no es lo más importante

La típica madre europea, al ver qué aspecto tienen los niños judíos que juegan en la calle, se pondría muy nerviosas. A menudo, se ven muy descuidados: con la cara sucia, los dedos manchados con algo pegajoso, las rodillas polvorientas y botones rotos.

El mantenimiento del niño, que esté perfectamente limpio, es un trabajo que consume demasiada energía, tanto en la madre como en su hijo. Mientras tanto, según las madres judías, la ropa limpia no tiene ninguna utilidad para el desarrollo de la persona. Además, a los propios niños no les importa para nada su imagen exterior.

5. Aceptar el desorden

Alrededor de los niños judíos, a menudo, impera el caos, algo que no preocupa a ninguno de sus padres. Ellos lo ven así: con los niños al lado, no existe un orden ideal, siempre se cae algo, se derrama o se ensucia.

Por lo tanto, en vez de volverlos maniáticos con lograr una situación ideal en la casa, se les permite vivir en un ambiente cómodo, introduciéndolos poco a poco en los beneficios que conlleva el orden.

6. Tienen que agotar sus baterías

Los típicos padres pueden cansarse hasta solamente observando a los niños judíos. Durante todo el día, se divierten y corren como locos, y nadie les grita: “no corras“, ”no toques“, “cálmate”.

Los padres de estos inquietos niños consideran que un pequeño debe soltar toda su energía sin límites en su infancia. En este caso, al llegar a la edad adulta, le será más fácil centrarse en su camino.

7. Libertad razonable

A los niños judíos, en realidad, se les permite mucho. Hasta una nueva imagen aparecida, de repente, en la pared, se percibe por la madre de la siguiente manera: “Papá, mira qué habilidades artísticas tiene uno de nuestros hijos”.

Sin embargo, existen límites que no se pueden sobrepasarsiquiera por los niños judíos, y se refieren, por ejemplo, al respeto por los mayores. Si por un gato teñido de color rosa lo mucho que puede obtener es una mirada de reproche, por insultar a la madre puede recibirse un castigo severo.

8. El papá es el líder y la madre, junto a él

El respeto por los mayores se inculca a los niños judíos desde la infancia. En estas familias, cada pequeño sabe que en el primer lugar se encuentran su padre y madre, y lo que ellos hacen, mientras que los niños ocupan un segundo plano.

Por lo tanto, los mismos hijos nunca se agarran a los padres con gritos del tipo “hazlo“ o con gritos de ”yo quiero”, siempre tratan de lograrlo por cuenta propia.

9. El autocontrol infantil existe

En las familias judías no hay costumbre de castigar a los niños quitándoles algo. En vez de esto, se crean unas reglas que prometen algún beneficio por actuar según lo correcto. De esta manera, el niño no vive dentro de los estrechos límites de prohibiciones y castigos, sino que aprende a corregir su comportamiento por su propio bien.

Un niño judío no vuelve a verter el perfume de su madre sobre el perro del vecino, no porque tema al castigo, sino porque sabe que, en vez de comprar un nuevo perfume, su madre podría comprarles, por ejemplo, una bolsa de fruta.

10. Nada pasa desapercibido

Los psicólogos modernos aconsejan no alabar a los niños por cada garabato, estimulando, de esta manera, su desarrollo. Aunque los padres judíos creen que hay que ensalzar cualquier logro.

Incluso si a la madre judía, su hijo сon pelo rizado le trae un dibujo con un par de trazos sin sentido en una hoja de cuaderno, ella encontrará algo bueno en el cuadro y, sobre todo, lo que es más importante, desmostrará delante de otros familiares lo orgullosa que se siente por esa obra maestra.

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